En esta parte del viaje debemos responder si “Las mujeres de tu entorno, ¿disfrutan del reparto de tareas o de la práctica de la corresponsabilidad en sus entornos?” y…¡¡uff!!…es una gran pregunta cuando te sumerges realmente en el concepto de CORRESPONSABILDAD.
Nuestra
curiosa naturaleza nos llama incansablemente a buscar el origen y el sentido de
las cosas. Para ello desenvolvemos una serie de mecanismos de análisis y
síntesis de todos los componentes de nuestro entorno y de nosotros mismos, como
seres siempre en evolución.
Así, una
sana búsqueda de la especificación de las similitudes y diferencias entre
hombres y mujeres ha dado paso, a lo largo de la historia, a un sinnúmero de
juicios (y prejuicios) desafortunados que, no necesariamente se han enfocado en
una mirada respetuosa o integrativa de la mujer en las diferentes culturas.
Para
Aristóteles, por ejemplo, la diferencia estaba claramente explicada, en “la
naturaleza superior del macho”. Comprender y respetar el principio era
fundamental para el equilibrio de la polis (esto es analizado en forma muy
interesante y dinámica por María Luisa Femenías). La publicidad actual (al
menos desde este lado del planeta), más de 2000 años después, sigue presentando
el mismo mensaje: detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer.
Una gran
mujer, por lo tanto, es aquella que está detrás del hombre como la publicidad
lo indica que viene a ser un actual del “como la ley manda”: es simultáneamente
una excelente dueña de casa, trabajadora, estudiante, amiga, hermana, tía,
hija, madre, nuera y se ve espectacular gracias a los productos avanzados en
cosmética y medicina que debe usar y consumir a diario.
Una “gran
mujer” es, en consecuencia, responsable de todo y de todos por lo que no
exigiría jamás una corresponsabilidad. Eso la convertiría en una “pequeña
mujer” y ser pequeño no es algo permitido a nuestra cultura. En concepto de
“trabajo en equipo” solo se concibe en lo laboral. Lo que sin duda no da los
resultados proyectados pues es algo que aún no se “macera” dentro de los
hogares.
En mi
entorno cercano (incluso de mujeres que admiro y que podrían rápidamente
asimilar esta práctica) se hace necesario “conversar” el concepto y, cual
procedimiento médico para abandonar malo hábitos, requerirá de apoyo permanente
y recordatorios de que hacer las diferencias es sano, pero solo si sirve para
no hacer diferencias.
Porque como
decía en un grafiti callejero: “los hombres y las mujeres no somos iguales:
somos equivalentes”.
Referencias dignas de
profundización:
Femenías, M. L. (1988). Mujer y
jerarquía natural en Aristóteles. Hiparquia, 1(1), 8-19.
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